Budismo

El budismo y los pepinos en el culo

Leí hace unos días un tweet en el que se daba una definición de budismo que decía más o menos que el budismo es dejarse meter el pepino de la realidad por el culo sin oponer resistencia. ¡Mierda! Y nunca más apropiado. Como cada vez que me encuentro ante un aforismo profundo, se repitió en mi cabeza y no me dejó en paz hasta que me senté y pude escribir este muy escueto artículo.

Como dicen los expertos que los párrafos largos ya no se leen, argumento en ítems:

1) El aforismo connota que meterse un pepino por el culo es necesariamente malo. De otra manera, carecería del efecto crítico que el autor pretendió darle. Por tanto, la realidad es tan negativa como el echo de meterse un cohombro a través del ojete.

Si nos dejamos arrastrar por las preocupaciones, agotaríamos las energías de las que disponemos para alcanzar algún tipo de bienestar, cayendo presas de las emociones negativas.

Objeción: según la anatomía del placer, superado el dolor de la primera instancia, el meterse una planta herbácea de la familia de las cucurbitáceas en el portillo anal del hombre reportaría un muy elevado goce, al rozar el elemento con su próstata. Lo llevaría incluso al orgasmo, destrozando en este alborozo la igualdad de la comparación, que se sostiene únicamente el prejuicio de no abrirse a una experimentación objetiva de dicha experiencia.

2) Obviemos el punto 1 y reflexionemos sobre el budismo. En muchas ocasiones (sus libros son normalmente recopilaciones de charlas) el Dalai Lama habla sobre qué problemas atender y cuáles no. La idea es que deberíamos soltar los pequeños altercados con los que no encontramos en cada esquina y ocuparnos de otro tipo de pensamientos que nos acerquen a la felicidad. Por otro lado, aconseja también hacer frente sin titubeo a lo que serían problemas de mayor envergadura.

La propuesta se me antoja adecuada, pues si somos arrastrados por las preocupaciones (el impuesto por pagar, la discusión con mi compañero de trabajo, mi novio que no me llamó por la tarde, mi mujer que compró una pasta dental sin flúor), agotaríamos las limitadas energías que disponemos para alcanzar algún tipo de bienestar, cayendo presas de las emociones negativas. Hay que entender que cuando en la mente no hay un pensamiento positivo, hay uno negativo, pues el espacio tiende a ser llenado.

El culo del budista, queridos amigos, por parecerse al culo de cualquier otro ser humano, no tiene espacio para aparcar semejante injusticia.

Según esta concepción, entonces, sólo dejaríamos que se nos metiera por el culo la parte del pepino que corresponde a problemas menores y, por supuesto, intentaríamos convertirlo en una experiencia de goce.

3) ¿Qué pasa con la parte del pepino/realidad que representa los problemas cruciales? Ejemplo de la realidad española. Me estafaron en el banco con una hipoteca y viene la policía a quitarme la casa, para dejarme luego con una deuda que no podré pagar y me obligará a trabajar en negro por el resto de mi vida. El culo del budista, queridos señores, por parecerse al culo de cualquier otro ser humano, no tiene espacio para aparcar semejante injusticia.

¿Qué haría un budista en este caso? Luchar. ¿Pero no estaría con ello contradiciendo el mandato de la no violencia? ¿No estaría con ello olvidando el principio fundamental de la compasión? Pues no, si se siguen ciertas reglas (la principal sería entender que el agresor/policía no es malo sino ignorante, y por ello merece más nuestra compasión que odio). Así lo han demostrado héroes de la talla de Ghandi, que no era budista en sentido confesional, pero compartía exactamente esta visión. Y logró nada menos que liberar a su pueblo de la opresión extranjera.

Pero hablábamos de budismo y esta imagen es más poderosa que cualquier palabra.

monje del budismo tibetano

Un monje budista se ha prendido fuego. Lo ha hecho, como muchísimos de sus compañeros, para denunciar el genocidio que al día de hoy China sigue ejerciendo sobre el Tibet. Un monje budista que, para transformar una realidad profundamente injusta, sacrifica lo que todos tememos perder. No hay coraje más grande, ni activismo más poderoso, que el entregar la propia vida por una causa.

En resumen, que el aforismo no me cuadra.

La filosofía del budismo es maravillosamente rica y nos provee de herramientas que ni si quiera he empezado a mostrar aquí, entre otras cosas, porque no tengo la capacidad de hacerlo. Esas herramientas nos preparan para asimilar y transformar la realidad. Y todo esto sin abandonar la gozosa práctica de meternos los pepinos por el culo.

Foto: Alexis Gravel