Psicopolítica - Byung-chul-han

Psicopolítica de Byung-Chul Han

“Quien fracasa en la sociedad neoliberal del rendimiento se hace a sí mismo responsable y se avergüenza, en lugar de poner en duda a la sociedad o al sistema. En esto consiste la especial inteligencia del régimen neoliberal (…) En el régimen neoliberal de la autoexplotación uno dirige la agresión hacia sí mismo. Esta autoagresividad no convierte al explotado en revolucionario, sino en depresivo”. Puede que este párrafo del libro Psicopolítica no genere en ti emoción alguna. Puede que estés muerto. Puede que seas un somormujo. Tradicionalmente, a los muertos y a las aves de la familia Podicipedidae les ha tenido bastante sin cuidado el tema de la explotación.

Esas frases de la página dieciocho me dieron el primer sacudón de una serie de varios durante la lectura del libro, confirmando que mi estatura mental es similar a la del ave graciosa parecida al pato. Soy lento.

Los libros de Byung-Chul Han son cortos en extremo (Psicopolítica tiene sólo 127 páginas y está entre los más extensos). Por eso resulta muy fácil localizarlos en una librería, pues parecen cuentos infantiles al lado de los grandes volúmenes típicos del sector. Para Byung, quien tiene claras sus ideas no necesita de muchas palabras. Creo que lo lleva al extremo y añoro algo más de texto.

Sin embargo, su mensaje es tan contundente como la cita del párrafo inicial de esta nota. El autor la escribe en medio de una revisión de conceptos Marxistas. Byung-Chul Han dice que Marx se equivocó cuando predijo que al capitalismo lo sucedería una dictadura del proletariado. Marx no alcanzó a comprender la increíble capacidad de mutación de este sistema de explotación que ha logrado introyectar al burgués explotador dentro del propio trabajador, que ahora se explota a sí mismo bajo el rótulo de empresario. Aunque la traducción insiste en esa palabra, yo preferiría hablar de emprendedor-empresario.

Si el trabajo asalariado fue preferido por un sistema que ya veía como onerosa la esclavitud, la obsesión con el empleo autónomo es la demanda actual de un sistema evolucionado que no quiere cargar siquiera con el coste de la fuerza de trabajo.

Soy un descreído de la pasión evangélica e historias ridículas de los grupos de emprendedores, aunque entiendo la proliferación de devotos tiene un origen válido en la necesidad del ser humano de elevarse sobre el nivel larval y actuar sobre su medio. Lo novedoso de nuestra época es que esa capacidad proactiva ha sido utilizada por el sistema dominante para lanzar cientos de miles de ratas de laboratorios a explorar los rincones oscuros del mercado, los nichos que como cajones de muertos terminan sepultando al 99,5% y bendiciendo al resto. Esta ínfima fracción de exitosos cumplen la única función de delatar en qué vetas de la mina explotada se halla la lánguida lámina dorada. Son iguales a los galgos que corren detrás de la liebre para satisfacción de un amo que acabará por colgarlo de un árbol. Ese 0,5% es expuesto además como ejemplo para conseguir que más y más adoradores de la tontería emprendedora se lancen a la ruta suicida. Pero esto no forma parte de Psicopolítica. Me he ido de tema.

(Sin embargo, mi ilación tiene una lógica. Si el trabajo asalariado fue preferido por un sistema que ya veía como onerosa la esclavitud, la obsesión con el empleo autónomo es la demanda actual de un sistema evolucionado que no quiere cargar siquiera con el coste de la fuerza de trabajo).

– ¡Qué regreses al tema! Cansino.

Ok, ok. Byung-Chul Han. Fuerza de trabajo. Marx. La ilusión de la libertad. Según el autor de Psicopolítica, “hoy se extiende la ilusión de que cada uno, en cuanto proyecto libre de sí mismo, es capaz de una autoproducción ilimitada”, en contraste con el proletario cuya única autoproducción era la reproducción biológica. Sus hijos como única posesión. Y esa autoproducción-autoexplotación que impulsa el neoliberalismo nos alcanza a todos por igual, pues borra la diferencia entre trabajadores y burgueses y nos convierte a todos en empresarios, trascendiendo a la clase social. Esto es lo que resultaría completamente extraño a Marx.

¡Cuánto hay para decir sobre esto!

La libre competencia es una fotografía de un momento de inmadurez de un sector del mercado, en el cual los diferentes actores ofertan productos de similares características a compradores con cierto interés en ellos.

La libertad del sistema también era ilusoria para Marx, que la critica duramente. Basten dos ideas para mostrarlo. Primero un uso irónico: el proletario sólo tiene la libertad de vender su fuerza de trabajo luego de haber sido despojado de los medios de producción. Segundo, una crítica social: como el hombre habría acordado libremente su participación en una sociedad, la competencia sería la mejor manera de regular el mercado, pues se basa en la libertad constitutiva de las personas. Sin embargo, en la práctica esa competencia tiende al monopolio. La libre competencia es una fotografía de un momento de inmadurez de un sector del mercado, en el cual los diferentes actores ofertan productos de similares características a compradores con cierto interés en ellos. Los que mejor y más producen van acumulando la plusvalía de quienes lo hacen en forma menos eficiente, ganándose con ello tanto los medios de producción como el capital para reinvertir y obtener más cuotas de mercado. Así, si hace trescientos años teníamos cien pequeños bancos por metro cuadrado, hoy existen cinco buitres dominando todos los bancos de la tierra. Y estos mismos que dominan monopólicamente su sector y que caracterizan a nuestro modo productivo, son los que pregonan la libre competencia. Byung-Chul Han lo describe más gráficamente: “El capital copula con el otro de sí mismo por mediación de la libertad individual. Mientras se compite libremente, el capital aumenta. La libertad individual es una esclavitud en la medida en que el capital la acapara para su propia proliferación”.

“El capital copula con el otro de sí mismo por mediación de la libertad individual. Mientras se compite libremente, el capital aumenta. La libertad individual es una esclavitud en la medida en que el capital la acapara para su propia proliferación”.

Para el autor de Psicopolítica, la libertad da lugar a la coacción. Antes escribí “introyectar” y no fue casual. Esa palabra remite a Freud. La idea de autoexplotación de Byung-Chul Han parece conectada a la relación Superyo-Yo. En la sociedad capitalista del poder disciplinario los sujetos eran coaccionados y convertidos en cuerpos dóciles y aptos para la producción. En la sociedad neoliberal el sujeto se vuelve un proyecto que tiene la potencialidad de hacer todo lo que desee e imagine. Más aún, está compelido a hacer, coaccionado y coercionado para hacer libremente. Pero la paradoja es que la libertad es la contrafigura de la coacción. Sería tan irrealizable cumplir ese mandato en un contexto saludable como acatar la orden: “Sé libre”. Si acepto la orden, no soy libre, pero si no la acepto tampoco. Para Byung, el sujeto del rendimiento, que se pretende libre, es en realidad un esclavo absoluto, en la medida en que sin amo alguno se explota a sí mismo de forma voluntaria.

El sujeto del rendimiento, que se pretende libre, es un esclavo absoluto, pues sin amo alguno se explota a sí mismo de forma voluntaria.

La palabra “autoexplotación” es la manifestación de un comportamiento enfermo. Su primer componente, “auto”, remite a una acción realizada por uno mismo y por propia voluntad. La segunda, implica la relación entre sometedor y sometido, llevada a su máxima expresión. Una especie de caso radical de Superyo atormentando al Yo, dónde el Ello parece no jugar ningún papel. “Enfermedades como la depresión y el síndrome de burnout son la expresión de una crisis profunda de la libertad. Son un signo patológico de que hoy la libertad se convierte, por diferentes vías, en coacción”, dice Byung-Chul Han.

Psicopolítica revisa ideas de Marx pero, sobre todo, da continuidad al trabajo de Foucault.

Psicopolítica nos da mucho en qué pensar. En esta nota sólo comenté las primeras páginas y en forma desordenada. Psicopolítica revisa ideas de Marx pero, sobre todo, da continuidad al trabajo de Foucault y conversa amistosamente con Deleuze. La influencia de Foucault sigue siendo magnífica. Una idea fuerza del libro: Byung-Chul Han dice que a Foucault le faltó terminar de comprender el vínculo entre “tecnología del yo” y “las técnicas de poder y dominación”. El filósofo francés ponderaba la tecnología del yo como un lugar de transformación subjetiva. Byung-Chul Han dice que el “régimen neoliberal de dominación acapara totalmente la tecnología del yo”. Así, por ejemplo, el adiestramiento del cuerpo en una institución para menores es convertido hoy en fitness. El fitness tiene la ventaja de que nace como una mercancía, “se convierte en recurso económico que se puede aumentar, comercializar y explotar”. Además, no necesita de un poder externo que lo aplique, sino que es consumido y ejercido por el propio padecedor.

Psicopolítica es un libro imprescindible. En las páginas siguientes Byung hablará sobre el Big Data como desconocimiento absoluto, las redes sociales como el nuevo panóptico y el idiota como refugio de la libertad, entre muchos otros temas.

Lo mejor de Psicopolítica es que puedes leerlo en diez viajes de metro. Y releerlo en treinta.

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Foto de Byung-Chul Han: diario ABC