Ellos, los que lanzan las bombas

Al parecer, la dignidad de la vida humana no estaba prevista en el plan de globalización
Ernesto Sábato – Antes del fin

Me preocupa mucho el cambio, me preocupa el futuro, la vida que vamos perdiendo, los derechos que nunca tendremos, la calle difícil que caminarán nuestros nietos. Los veo a Ellos festejar módicamente. Repiten el titular de la prensa. Repiten. Dicen que ‘las deudas deben ser pagadas’, que ‘los vagos del sur agotan la eficiencia del norte’, y ese sur puede ser sur de Europa, Sudamérica, el sur de Italia o de España colgados de sus nortes trabajadores y sapientes, las patas sucias y negras contra un elegante cerebro peinado de lado. Repiten.

Ellos me preocupan. Son muchísimos, tantos que no podrían ser dueños de nada, porque Los Dueños son un cinco por ciento y ellos son cientos de miles, millones, el rejunte de porciones de tarta de periódico que sobrepasa siempre los dos tercios. Ellos defienden a los buitres, al poder financiero. Festejan la extorsión al débil, a su semejante, como si esos malditos dictadores no fueran los mismos que van a meterle un tubo por el culo para extraerles las vísceras y conectarles la nariz al ojete de su compañero desviscerado, y así sucesivamente, subidos al carrusel que Ellos moverán por diez horas al día y al que subirán sus niños desde el colegio y hasta que mueran de viejos de hambre, solos, cagados encima porque no podrán pagarse los pañales ni enfermeras ilegales que los cuiden en sus casas. Porque no tendrán casas.

Y festejan Ellos al paso de la aplanadora que revienta a los helenos contra el suelo, esos que se les antojaron valientes mientras comían su popcorn delante de un film sobre Esparta, esos griegos a los que admiraron, con las nalgas mezcladas en el cuero del sillón del cine, cuando Brad Pitt arrastraba el cadáver de Héctor por el suelo. ‘Pero Brad Pitt no es griego’, se defienden desde la tertulia. Lo dice el portavoz de la imbecilidad y Ellos aplauden y repiten: ‘A ver si te enteras, escoria, que Brad Pitt no es griego, por eso tuvo huevos para arrastrar a ese peludo’.

Es verdad, pienso, Brad Pitt no es griego. Pienso. Pienso en mi última frase. Pienso: forraje, heno, paja, pasto, verde, hierba, herbaje. El pienso sirve para alimentar a las bestias. Como el popcorn. Pienso y por eso me preocupo por el cambio, por el futuro, por el de los hijos de Ellos también, porque todavía son inocentes, todavía no liman las uñas de los buitres que están devorándole los ojos, todavía no… Pero pienso. 1976, Argentina, golpe de Estado. ‘Ya era hora’, dijeron los padres de Ellos. ‘Ya era hora’, repitieron cuando desaparecieron treinta mil personas, inocentes de cualquier culpa y cargo, culpables de protegerse los ojos con las manos cuando el repulsivo pajarraco quería merendárselos. ‘Ya era hora’, dijeron cuando un borracho presidente los llevó a la guerra. Ya era hora, gritaron los abuelos de Ellos cuando Franco se lanzó sobre Madrid desde los aviones nazis que bombardearon la Guernica que el pintor eternizó, clavándole un pincel a un ave monstruosa que se desplomó y murió. Pero sólo fue un buitre y el cielo estaba tan oscuro y emplumado que ya no se veía el sol.

Era de nuevo lunes, igual que mañana y ayer. Los módicos festejos se oían desde el agujero, alumbrado por el rebote de luz del conejo blanco pintado sobre la luna. En el suelo encontramos tres papeles enrollados. Dos publicidades y una frase sin terminar: “las bestias, una vez que caen, ya no pueden…”

#YoVoyConGrecia#ThisIsACoup

Foto del film “Guernica bajo bombas”, de Luis Marías (2012)