Críticos abyectos y el poder del King

No tenía ganas de escribir para el blog. Pero como pasa el tiempo y sólo me concentro en retocar un libro de cuentos y el blog parece abandonado, me traje un cuaderno en el que hice anotaciones sobre el libro Error Humano de Chuck Palahniuk. Mientras me sentaba pensé Chuck me dijo tal cosa, por cada una de las frases que apunté.
Y ese pensamiento me llevó al mágico momento en que Stephen King me dijo que él me autorizaba a dejar lo que estuviera haciendo, a relegar cualquier otra actividad en beneficio de la lectura o la escritura. Lo hizo a través del libro Mientras Escribo. Gracias a esa idea dejé de sentir culpa, por ejemplo, cuando trabajaba por mi cuenta y en lugar de conseguir nuevos clientes me dedicaba a escribir mi primera novela o a leer un buen libro.

Me lamenté, y aún lo hago, de no haber recibido ese permiso muchos años antes, cuando empezaba el colegio primario, así habría aprovechado en forma productiva todas las horas muertas y tortuosas de las perras instituciones educativas. Si hubiera tenido el permiso de una autoridad como King para pasar de las maestras y profesores y escribir historias o leer algún libro, ¡qué maravilla! Sería otro ser, otra mente, más profunda, quizás más feliz, pero sin dudas mucho mejor que el de ahora. También sería más libre, podría usar las medias rotas sin pensar obsesivamente en mi dedo gordo apretujado en un agujero de tela o triturar las patatas fritas de bolsa en mi mano y lamerme la palma como un mono, aunque lleve un traje, simplemente por el placer de sentir la sal y la grasa en el paladar. Quizás habría valorado más mi carrera, quizás recordaría los libros que leí, porque los habría entendido mejor al contar con información contextual aprendida mientras leía con el ruido de la profesora de fondo.

El Club de la Lucha, película a la que le dieron dos estrellas los críticos de cine y que me dejó con la boca abierta y las tripas revueltas, igual que cuando casi gana las elecciones un humorista repelente y vulgar en la provincia donde nací.

He perdido un tiempo invaluable. Hablando así me parezco a una actriz que decía en el periódico de esta semana: “me he separado y pienso que he perdido el tiempo”. Como no hice clic, no sé si se trata de un título pésimamente escrito, de un título escrito en forma ambigua para dejar que la duda se resuelva en el desarrollo de la nota (¿Perdió el tiempo durante la separación por el tema de los abogados y las peleas o perdió el tiempo durante su relación con el/la que fuera su esposo o su esposa?). No sé quién es la actriz o siquiera si es una actriz. No sé asociar cara y nombre de ningún actor/actriz a excepción de Mel Gibson, Sylvester Stallone, Brad Pitt y Edward Norton. Mel porque protagonizó Braveheart, Sylvester porque fue Rocky y Rambo (he llorado hasta con la última Rocky, cuando va a la tumba de su mujer y le dice que la echa de menos) y Brad y Edward por El Club de la Lucha (El Club de la Pelea en Argentina), película a la que le dieron dos estrellas los críticos de cine de Buenos Aires y que me dejó con la boca abierta y las tripas revueltas, igual que cuando casi gana las elecciones un humorista repelente y vulgar (Miguel Del Sel) en la provincia donde nací. Para desgracia de los argentinos, ahora los gobierna el presidente que puso a ese payaso al frente de una lista con responsabilidades públicas.

Años después los críticos, empujados por el público, le dieron al Club de la Lucha más estrellas y yo me enteré de que estaba basada en un libro de Chuck Palahniuk. Así conocí a Chuck. Aun no sé escribir su apellido y debo espiar en la web. Sus libros me fascinan. Leí El Club de la Lucha en treinta y siete segundos. Maldije que se acabara. Máximo goce. Disfruté más la peli.

Hace dos semanas una persona me dijo que la película de Cincuenta Sombras de Gray no le hacía justicia al libro. Me quedé sin palabras: ¿Cómo sería la película que le hiciera justicia a ese libro? Stepen King dijo que el 95% de los libros de Amazon son mierda como Cincuenta Sombras de Gray. Coincido con él. Es el rey, lo admiro desde que leí La Zona Muerta y descubrí qué significaba la palabra abyecta. Abyecta cocaína, dice el protagonista en el último párrafo. Mis libros están en Amazon. Por probabilidad, forman parte de ese 95%. Se han vendido mucho menos que los de una norteamericana que escribió un instructivo para fabricar milagros. En su biografía dice que conoce a varios ángeles y que la ayudaron a encontrar a su gato cuando se escapó de casa. Di con ella porque uno de mis libros se llama El Milagro de la Rata en el Sifón y antes que él aparecen cientos de títulos que contienen la palabra milagro. Mi milagro está entre los últimos y creo que es el único que pertenece al género narrativa a secas. El resto también se etiquetan como autoayuda, espiritualidad, religión.

Error Humano contiene capítulos preciosos y un par que son un bodrio, como el de los constructores de castillos. El de las amigas mediums es una oda al falso escepticismo del narrador y, desde ese punto de vista, exquisitamente logrado. El de los escritores minimalistas aporta información inestimable, nombres de escritores y técnicas de escritura. Los apuntes que todavía tengo a mi lado refieren a él. Sólo copiaré algunas palabras: lengua quemada, mis días avanzaban como una cabeza cortada, imágenes, no hagas juicios, nada es feliz ni gordo, no digas ‘ese tío es un gilipollas’, vísceras.

No haber recibido antes la autorización de King es una fatalidad. Me da cierta felicidad el pensar que los autores te hablan a través de sus libros. No sé si llegas a captar esta idea; no porque sea profunda, sino porque parece tan simple que la puedes pasar por alto. Seguro que King estaría orgulloso del uso que hago de su autorización y si me viera cara a cara me daría un abrazo. A mí y a cada uno de los que hayan aplicado su permiso en propio beneficio. No hay manera más sana de ser egoísta.
Sólo dos estrellas. Los críticos de cine no tienen ni puta idea.