Los sabios han muerto, quedamos estos zombis

Un palo reventó contra un vidrio que reventó sobre la silla giratoria del comercial del banco. El palo se enterró en el centro de un cartel que anunciaba: “Avancemos juntos y construyamos el futuro”. Yo, que lo veía desde la acera de enfrente y participaba de la protesta, no me atrevía a dañar la propiedad privada, pero ni el dueño del banco ni el gobierno ni Dios se habían apiadado de mí, que llegaría esa noche a mi casa y no tendría para comer más que las mismas lentejas que había preparado tres días atrás: pasé por guiso de lentejas, lentejas en ensalada, croquetas de lentejas y pasta de lentejas. Tenía unos veinticinco años y sentía el mismo rencor que el joven enmascarado que se desprendió del grupo y asestó el violento golpe.

Gestión eficiente: privatización, es decir, el robo de los servicios públicos sagrados. Austeridad: recortes de los servicios públicos.

Cuatro años antes los argentinos reelegían al presidente neoliberal más corrupto y depredador de su historia. Por mayoría absoluta. Sin embargo, nadie en la calle reconocía haberlo hecho. Y ahí estaba el delincuente, con sus patillas, su impunidad y sus medidas que se cargarían a la clase media, mientras él se enriquecía y volvía billonarios a los oligarcas argentinos y a las empresas multinacionales que se acercaban para arrasar con un país que, al fin, se había insertado en el mundo, ganaba competitivdad y contaba con un estado flexible, pequeño y racionalmente gestionado. Eufemismos.

Pausa. Glosario.

En mi manual de la política moderna existen algunos conceptos claros. Sólo mencionaré cuatro:

Austeridad: recortes de los servicios públicos.

Racionalizacíón: más recortes, con participación de privados (consultores y asesores).

Gestión eficiente: privatización, es decir, el robo de los servicios públicos sagrados, como la salud y la educación, y los no sagrados pero igualmente propiedad del pueblo, como el suministro de agua, correos, ministerios, etc. Robo de segundo orden entregando los servicios públicos a los amigos del poder.

Flexibilización: pérdida de todos los derechos laborales, abaratamiento del despido.

Fin de la pausa.

Reino Unido fue arrancado de la Unión Europea por un electorado racista y avejentado, seguidor de predicadores que tiran de argumentos superficiales y violentos. España acaba de votar a un gobierno conservador responsable de unos 6500 casos de corrupción, que atentó sin piedad contra la sanidad y el derecho a la vivienda de sus congéneres. Este partido ha ganado con más claridad cuanto mayor fue la edad del electorado. Argentina se prodiga en lamentos porque un jugador de fútbol ha dejado la selección, el mismo jugador que para evadir impuestos se ha llevado el dinero a Panamá junto con el presidente del país, un neoliberal similar al que borró del mapa a la clase media. Con lo que ellos evaden podríamos construir muchas escuelas y formar a gente tolerante.

No sólo han perdido su capacidad de razonar, sino también el coraje de reclamar lo que les pertenece.

El poder ha aprendido a lidiar con la democracia. Antes necesitaban abolirla. Suponían que un pueblo no podía ser tan estúpido de votar al partido que favorecería los intereses de una ínfima minoría de ricos, cargándose los derechos del propio electorado. No, no podía haber nadie tan estúpido. Ante el menor atisbo de intentarlos engañar (como el anuncio del banco que perdió su cristalera), acabarían reventados, astillados en mil pedazos. Pero se lo han trabajado. Es digno de admirar.

A la vez que la tecnología avanza y parece comprobar que no hay límites para la capacidad evolutiva de la especie, una gran mayoría de seres con derecho a voto y azúcar en sangre suficiente para desarrollar apropiadamente su cerebro, se han convertido en idiotas funcionales, y cobardes. No sólo han perdido su capacidad de razonar, sino también el coraje de reclamar lo que les pertenece. ¿No es de sociedad estúpida el hacer una manifestación para apoyar a un personaje de Gran Hermano? ¿No es de zombi poner el voto por el mismo partido que hizo que tu hijo se fuera del país y tu hermana perdiera su casa a manos de un banco que, además, recibió un rescate a fondo perdido? “Construyamos el futuro” te dice el banco y tú vas y le donas tu sueldo.

Mi intención era sólo dar mi apoyo incondicional a los jóvenes y decirles que lo que están haciendo es correcto, que el camino es el de ellos y no el nuestro, el de los viejos dormidos y cobardes. No vamos a dejarles un futuro mejor, eso lo van a tener que construir ustedes, sin nosotros, porque ya no valemos para eso, porque los adultos y los viejos somos la verdadera generación perdida.

Entonces, ¿qué podemos criticarle a los jóvenes? Estamos hartos de oír lugares comunes como la generación ni-ni o los jóvenes ya no conocen la disciplina del esfuerzo o debería volver el servicio militar, por mencionar algunos. Por el contrario, debemos preguntarnos: ¿Qué joven sentiría respeto, admiración y deseo de socializar con adultos cómplices de una clase dirigente corrupta e inmoral?

Hace años se decía que existían los viejos sabios. Se trataba de personas que mezclaban la sabiduría de la calle y la capacidad de pensar para construir ideas atractivas, pedagógicas y, muchas veces, de vanguardia. Hoy esos viejos llevan más de cuarenta años siendo formados por la televisión. Llevan toda una vida aceptando sin resistencia crítica la pseudo-información que llega financiada por los hombres del habano, que antes se veían obligados a desplegar tanques y aviones para conseguir lo mismo que hoy logran a través de productores de un canal y los responsables de contenidos de un diario.

Lo que sigue es volver estúpidos rápidamente a los jóvenes. Volverlos estúpidos para que se crean las mismas  tonterías que sus padres y abuelos, meterles el miedo en el cuerpo. Como decía el maestro Sampedro (un auténtico viejo sabio), si a una persona la amenazas con la muerte, cuando le perdonas la vida y sólo le das con el látigo, hasta termina agradeciendo.

Salvador Allende hablaba de jóvenes viejos y viejos jóvenes. Él se sentía un viejo joven, joven de ideas. ¡Y vaya si lo era! Terminó asesinado por orden de uno de los seres más despreciables de la historia latinoamericana, el dictador Augusto Pinochet. Pinochet, que el mismo año que el chico reventaba el palo contra el vidrio era liberado en Londres por el grupo de amigos de los racistas que han sacado a Inglaterra de la UE y regresaba a Chile, dónde era vitoreado por un grupo cuyo promedio de edad superaba lo cincuenta años; hombres y mujeres sádicos, espantosos y excitados por la visión del genocida. Yo miraba la noticia incrédulo y con el mayor de mis desprecios. Odiaba a esas personas prontas a la muerte que me garantizaban un futuro sin esperanzas. Tengo cuarenta años y ese recuerdo me sigue generando el mismo rencor que entonces, mucho más cuando compruebo que van ganando, que nos están arruinando el mundo.

No sé de qué forma terminar esto. Mi intención era sólo dar mi apoyo incondicional a los jóvenes y decirles que lo que están haciendo es correcto, que el camino es el de ellos y no el nuestro, el de los viejos dormidos y cobardes. No vamos a dejarles un futuro mejor, eso lo van a tener que construir ustedes, sin nosotros, porque ya no valemos para eso, porque los adultos y los viejos somos la verdadera generación perdida.

Cierro con una frase del tercer viejo sabio que cito, el bienamado Pepe Mujica: “No se dejen robar la juventud de adentro. La de afuera, inevitablemente, se la lleva el tiempo. Pero hay una juventud peleable, territorio adentro, mirándonos hacia nosotros mismos, y está unida a una palabra muy simple y muy pequeña: solidaridad con la condición humana”.

Foto: Revolution