Rodolfo Walsh - Operacion Masacre

Rodolfo Walsh, cartas y masacres

Querido Rodolfo:

Quería comentar tu libro Operación Masacre, pero te imagino escribiendo y me interrumpo. Te imagino escribiendo una carta, no un libro. Te imagino escribiendo La Carta, porque después de conocerla ya no existen otras cartas. Y siento tu angustia mientras escribo. No tu valor. Tu valor me genera una admiración exterior, como quién se para frente al Guernica y dice que Picasso fue grande, pero no podría jamás pintar esa obra. Valor de tu estatura no existe en mí.

En tus escritos es el dolor del mundo el que te desborda, manifiesto en esa maravillosa conciencia que te hizo inventar un género literario para poder darle cauce sin desmerecer tu oficio.

Lo intentaré: Operación Masacre es una novela de no ficción escrita en 1957, nueve años antes de la publicación de A Sangre Fría, de Truman Capote, considerada como inaugural de este género. Se trata de la investigación periodística de una matanza de civiles efectuada por la dictadura argentina en 1956. Coincidieron la misma noche una sublevación contra el gobierno y una pelea de box por el título latinoamericano. Las víctimas, ajenas al conflicto político, se habían reunido para escuchar la pelea cuando fueron apresadas ilegalmente y ejecutadas en un basural de José León Suárez. Unos pocos pudieron escapar.

Aunque parezca un despropósito, no lo es si ponemos este suceso en contexto: un año antes, los militares responsables de la matanza habían bombardeado y ametrallado con munición aérea la Plaza de Mayo, la Casa de Gobierno y una central sindical, cuando una multitud vitoreaba al todavía presidente Juan D. Perón, democráticamente electo. Asesinaron a más de trescientas personas, hubo un millar de heridos y Buenos Aires fue también Guernica.

Lo consigo por dos párrafos y vuelve tu imagen del 77, sentado en tu escritorio, con una pila de papeles, algún libro. Puede resultar extraño, querido Rodolfo, que siendo vos un talentoso periodista y escritor, te piense escribiendo La Carta y no una novela o un artículo. Pero tiene sentido, porque ya no se trata del hecho de escribir, sino de volverse un hombre parecido al cielo. Si me preguntan a quién te iguala ese acto, no podría compararte con un escritor. No te parecés a Borges ni a Bioy ni al querido Julio. Un poquito a Julio, pero no. Vos te parecés a los próceres que realizaron la idea de libertad, que rompieron las cadenas de un pueblo esclavo. Odiarías esto que escribo, pero necesito decirlo.

Sabés que tenemos un amigo en común. Yo lo quiero mucho y él no sabe que existo, pero igual me quiere y piensa en mí, porque siempre se ha preocupado por todos. Osvaldo (Bayer) dijo que sos un escritor al que le dicta la conciencia. Me gustó esa frase, porque te imagino esclavo de tu mejor parte, siendo preciosas las otras. Es bien diferente leer a un escritor que somete la novela a su ideología y, por tanto, deteriora el valor literario de su obra; que leerte a vos. En tus escritos es el dolor del mundo el que te desborda, manifiesto en esa maravillosa conciencia que te hizo inventar un género literario para poder darle cauce sin desmerecer tu oficio. Esa sería una buena frase para presentar Operación Masacre.

Pero te nombraba a nuestro amigo porque me sirve para justificar esa comparación que tan poco te agradaría. Osvaldo dice que a partir del siglo XX, el ejército argentino ha sido una herramienta usada por la oligarquía para conservar su poder. Los héroes latinoamericanos, por tanto, ya no podrían vestir de militar como los viejos próceres; pero existen. Solo debemos aguardar a que realicen ese acto que los convierte en faros de una sociedad a la deriva. Tu acto fue esa Carta.

Te imagino escribiendo y sigo. Creo que ya no podré volver a comentar tu libro, pero confío en la fatalidad de la repetición, querido Rodolfo, pues así como el Guernica se ha pintado muchas veces, lo que contás en Operación Masacre sigue sucediendo. Es 24 de marzo del 77 y estás sentado en tu escritorio, te acomodás los lentes, no pensabas estar así a los cincuenta. Hace calor. La más sangrienta de las dictaduras cumple un año en el poder. Ya han hecho desaparecer a quince mil personas y han matado a otras cuatro mil. Las familias aplauden a los generales y se entusiasman con los preparativos del Mundial 78. Vos estás solo, pensando en Vicki, quizás llorando y por eso siento tu angustia y admiro tu valor. Vicki, tu hija, no agachó la cabeza ante las botas ni se aleló con el fútbol. Resistió, murió luchando.

Escribís La Carta, te restregás los ojos, llevás mucho sin dormir, pensás en tu familia, en su dolor inconsolable a partir de mañana, te paralizás unos segundos, luego avanzás: lo que harás será también por ellos. En algún momento, recordar tus investigaciones para Operación Masacre te hace temblar al punto que soltás la birome y tardás en serenarte. Sabés mejor que nadie cómo secuestran, torturan y matan esos miserables. Sabés que se vanaglorian de haber inventado la picana eléctrica y, si la usan con mujeres embarazadas, qué no te harán a vos. Sin embargo, el valor se impone y seguís escribiendo.

“En la política económica de ese gobierno debe buscarse no sólo la explicación de sus crímenes, sino una atrocidad mayor que castiga a millones de seres humanos con la miseria planificada.”

Vos no le llamarías valor, le llamarías humanidad. Pienso ahora que algunos dijeron de Operación Masacre que no era una novela en toda regla, como si le faltara algo o careciera de un desarrollo literario profundo. En tu caso, esto tiene un mérito mayor, siendo el escritor que sos. Vos decidiste no ficcionar los personajes ni volver más potente a la trama. Es lógico. Sos escritor pero antes persona. A eso yo también le llamaría humanidad. Tu conciencia te hizo crear un nuevo género antes que vulgarizar a las víctimas, por eso tu libro quedó partido en tres: la presentación de las víctimas, la historia de la masacre y el aporte de las fuentes.

Y hay que agradecer a Ediciones de la Flor por no haber finalizado allí la impresión y poner tu Carta como apéndice de Operación Masacre. Ellos entendieron que el mundo sería un sitio mucho peor sin ella. En esa obra que te vuelve inigualable, querido Rodolfo, desde la que me llega tu imagen, la angustia y la admiración por tu valor, en esa Carta denunciaste a una Junta Militar sodomizada por el capital financiero y las oligarquías locales, que abren campos de concentración y cierran fábricas, que quitan los derechos, las uñas, la piel, las muelas. Se los dijiste en varias páginas, en cada frase y muy claro: “En la política económica de ese gobierno debe buscarse no sólo la explicación de sus crímenes, sino una atrocidad mayor que castiga a millones de seres humanos con la miseria planificada”.

Te imagino metiendo esa carta en un sobre y llevándola en tu mano. Por Vicki, por los muertos queridos. Un hombre solo, un hombre y lo que escribe contra esa impía maquinaria de la muerte. Te imagino y camino a tu lado, querido amigo. Al día siguiente pasó lo que ya sabías. Al día siguiente, cuando creyeron que te hacían desaparecer, que podían cortar el sol con una espada, te sembraron para siempre en nuestros puños ardientes, te volvieron millones.

 

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