Migrantes, mercancías y telas amarillas

Rompen la puerta de una patada y arrastran de los pelos a la niña palestina, la golpean y la meten en prisión por criticar al régimen desde las redes sociales. La madre le lleva ropa y la encierran también. El objetivo son las mujeres, exterminarlas. Llueve gas mostaza sobre el Rif el día que destierran a un niño mapuche y lo ponen al servicio de oligarcas que han ocupado las que fueran sus tierras; lo envían a la ciudad, lo insultan, humillan y lo vuelven tan viejo que ya no recuerda su lengua, su historia, dónde se encuentra. Está muy cerca del aeropuerto por el que una argentina escapará, con dos bebés y documentos falsos, a Brasil, a Suiza a México, a cualquierlugardelmundo porque antes huyó de un campo de torturas y exterminio y todo le parece bueno. Bajó en Barajas, puerta de salida de los que limpian baños alemanes con sus títulos de grado o son acosados por la inteligencia española en Bolivia. Dos hermanas miran los huesos de su madre a través de la piel, más finos que los barrotes de la cárcel fría y disentérica, tuberculosa, diarreica; tocan esos huesos muertos desde hace horas, huesos saharauis que para el mundo valen nada; quieren llorar y no les quedan lágrimas. Historias.

Ayer hubo debate sobre migraciones en Podemos. Fue en La Morada y esas son partes de los testimonios que oímos. El encuentro empezó con un conversatorio entre Patricia Caro Maya y Sani Landan, moderado por Dina Bousselham, y concluyó con una banda maravillosa que nos ayudó a volver a una de las consignas que nos guía: lucha pero baila.

Sani contó mucho. Imposible resumirlo. Para no citarlo mal, haré una lista de recuerdos (serían sus palabras empañadas por mi pobrísima memoria):

  • Es camerunés y vino a España a continuar estudios universitarios. Sus padres pueden costear sus gastos, sin embargo, no le fue permitido coger un avión y arribó como los miles de migrantes que lo hacen a través de Ceuta. España no le reconoció siquiera sus títulos del colegio.
  • En su odisea pasó por Níger, capital global del uranio y uno de los países más pobres del planeta. El uranio que ilumina los Campos Elíseos del mundo, sumerge en la oscuridad a África entera.
  • Son derrocados por un golpe militar los presidentes africanos que intentan un cambio en las condiciones de explotación a las que lo someten los países ricos.
  • Hay que entender las causas de las migraciones, pero solo reaccionamos a las consecuencias, por eso llegamos a conclusiones falsas (y mezquinas): los africanos nos invaden, no podemos darle asilo a todos, si no lo arreglan sus gobernantes por qué debemos hacerlo nosotros.

Sani dijo que las mercancías se mueven sin restricciones entre los países, mientras para las personas hay fronteras insalvables. Dina recordó una de las consignas del 15M: no somos mercancíasPorque para los dueños del mundo eso es lo que somos. Y de ese conjunto, los migrantes somos mercancía de mucho menos valor, despreciable, despojos. Un tipo de un taller de Beijing equivocó un pedido y compró cientos de bobinas de tela amarilla. “Eran rojas, gilipollas”, le dijo (en chino) el dueño del taller antes de patearle el culo y dejarlo en la calle. Las bobinas acumularon polvo durante años. Fueron mercancía despreciable, despojos, hasta que al gobierno de España se le ocurrió tapar corrupción con chauvinismo y las telas chinas sirvieron para confeccionar las banderas que hoy se agitan en balcones de sueños de carroña.

Bobinas amarillas. Migrantes. Mercancía sin valor hasta que Aznar y Rato se inventan la burbuja y nos llaman para que sus ladrillos rasquen la tripita del cielo. Acabado el show, los migrantes y la tela amarilla vuelven a ser inútiles, nos gustaría deshacernos de ellos, apretar el botón desaparecedor, que se vuelvan a su puto país, y levantamos vallas y muros, CIEs, visados, destierros, diásporas. El camino que recorren los expulsados de Siria no cuenta con dispensarios médicos mínimos, pero sí con sucursales de Western Union. Hasta a la mierda se le pueden extraer nutrientes. Los puestos son amarillos, como las telas chinas y la mostaza del gas.

Dina mencionó que la migración estaba ligada al concepto de clase. Y agregó que era esencial ganar el derecho del voto. “El combate contra la xenofobia y el racismo pasa también por el derecho al voto. En tanto no sea ganado reinará la injusticia”. Esto lo escribió a fines de los 80 Jacques Derrida, filósofo notable, migrante, luchador contra el racismo en Francia. Jacques no pudo venir anoche, pero le habría gustado.

Patricia insistió en algo fundamental: el papel de la mujer en la lucha por los derechos de los migrantes. Como desigualdad constitutiva de otras desigualdades, el cumplimiento de las consignas feministas se convierte en parte necesaria de cualquier propuesta de cambio social. También habló de la revisión de los acuerdos europeos de cooperación y de la construcción de un nuevo paradigma que nos incluya a todos.

Se dijo mucho. Recuerdo frases sobre el origen de las civilizaciones, el carácter forjador de las sociedades de los procesos migratorios y la existencia de desplazamientos naturales y forzados. El enemigo, motor de los padeceres de las clases bajas, era siempre el mismo: el capitalismo. Así dicho se parece al demonio bíblico que tapa los huecos de fe y de tesis de los católicos. Pero si prestabas atención a las palabras emergían los significados profundos del término: deseos de extraer y dominar; pasión por la utilidad y desprecio por las personas; crueldad, brutalidad obscena; vaciamiento de cuentas, ríos, vientres, cabezas y Estados; gula, glotonería, angurria de sangre, carne y bolsa. Ahora sí, puedes llamarle capitalismo, neoliberalismo o la hermana de tu padre, da igual.

Yo soy un argentino migrante, nieto de migrantes, de cultura migrante. Soy tango y conventillo, y lo único bueno que tengo es producto de la mixtura de turcos, judíos, italianos, españoles, polacos, pobres, laburantes y taimados, que se quemaron las manos con la escarcha y, aun así, no dejaron de escribir poesía, trabajar y cantar. Por eso me cuesta aceptar que en mi país haya millones de racistas aplaudiendo represión y genocidios. Y vivo en España, donde otros millones de fascistas creen en su designio divino y lo pregonan desde las patéticas ventanas de sus buses azules y naranjas. Sin embargo, avanzan, igual que las bolas de nieve que ruedan montaña abajo, a empellones, prepotentes y estúpidos, pero avanzan.

Ante este escenario, debemos seguir construyendo trincheras de conocimiento como la que anoche se generó en Podemos. Necesitamos que esa bola de nieve que cae por la ladera nunca se haga avalancha, que nuestro pueblo de abajo entienda que es fuerte y que puede calentar como el sol, que podemos volverlos agua y disfrutar de la lluvia; luchando y bailando, como hicimos siempre.